El Acuerdo de Libre Comercio
con el Mercosur:
Un enorme desaf�o para el aceite de palma colombiano
El modelo de apertura econ�mica, que
Colombia eligi� desde finales de la d�cada
del ochenta como plataforma de crecimiento y de integraci�n
con la econom�a mundial, ha representado importantes
desaf�os para los productores nacionales en materia
de comercio internacional.
Por esta v�a se han conducido los esfuerzos
para avanzar en las negociaciones de acuerdos de libre comercio
con distintos bloques econ�micos y pa�ses.
De hecho, en la actualidad se est�n realizando varias
negociaciones en forma simult�nea, como la del �rea
de Libre Comercio de las Am�ricas (Alca), la consolidaci�n
de la Uni�n Aduanera Andina y la Ronda Doha de la
OMC, y existe el inter�s de iniciar en el corto plazo
un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos.
Especial importancia para los palmicultores
colombianos tiene la firma en diciembre de 2003 del Acuerdo
de Complementaci�n Econ�mica entre la Comunidad
Andina de Naciones (CAN) y el Mercado Com�n del Sur
(Mercosur), debido a que el aceite de palma nacional estar�
expuesto a una mayor y cada vez m�s dura competencia
de los aceites de soya y de girasol producidos por los pa�ses
miembros del bloque sure�o, en especial Argentina,
Brasil y Paraguay.
A partir de este a�o, nuestro producto
estar� enfrentado, en un escenario de libre mercado,
al Goliat que representan las naciones del Mercosur, unas
de las m�s competitivas del mundo en la producci�n
de semillas oleaginosas y aceites vegetales. Este nuevo
escenario comercial requiere la conjunci�n estrat�gica
de esfuerzos entre palmicultores, gremio y gobierno, para
mejorar la competitividad del aceite de palma colombiano,
reduciendo los costos de producci�n y, de esa manera,
asegurar el desarrollo y sostenibilidad del sector palmero.
Para tener una idea del gigante Mercosur en
el sector de oleaginosas, basta mencionar que en 2003 la
producci�n de semillas oleaginosas de los cuatro
pa�ses que lo conforman fue de 95,8 millones de toneladas,
y en aceites y grasas, de 13,6 millones de toneladas. Tales
cifras representan el 29,6 y el 11,1% respectivamente de
la producci�n mundial de esos productos. Mientras
tanto, en el mismo lapso Colombia produjo 233.000 toneladas
de semillas oleaginosas y 622.000 toneladas de aceites y
grasas, vol�menes que no superan en ning�n
caso el 0,5% de la producci�n mundial.
En cuanto al comercio de esos productos, el
Mercosur particip� en 2003 con el 45,5% de las exportaciones
mundiales de semillas oleaginosas y con el 19,4% de las
de aceites y grasas. Nuestro pa�s, por su lado, export�
cerca de 204.000 toneladas de aceites y grasas en 2003,
representando tan s�lo el 0,5% de las exportaciones
mundiales.
Lo anterior evidencia claramente las enormes
diferencias en proporciones y la asimetr�a en tama�o,
escalas de producci�n, y comercio de semillas oleaginosas,
aceites y grasas entre los pa�ses del Mercosur y
Colombia.
Las negociaciones entre la Comunidad Andina
de Naciones (CAN) y el Mercosur hab�an empezado a
mediados de 1997 y, tras su fracaso a principios de 1998,
los pa�ses andinos adoptaron un esquema de integraci�n
comercial que, en primera instancia, dispuso la firma de
Acuerdos de Alcance Parcial (AAP), suscritos con Brasil
en 1999 y con Argentina en 2000 y, en segunda instancia,
determin� la creaci�n de una Zona de Libre
Comercio, cuya negociaci�n fue retomada desde mediados
de 2001 y finalmente se concret� en diciembre de
2003 con la suscripci�n del Acuerdo.
Es importante se�alar que en desarrollo
de los compromisos adquiridos, se establecieron cronogramas
de desgravaci�n arancelaria para todos los productos
agr�colas e industriales en canastas de desgravaci�n
inmediata o a 6, 10, 12 y 15 a�os. En el caso de
los productos que hacen parte del Sistema Andino de Franjas
de Precios (SAFP), la desgravaci�n s�lo se
aplicar� sobre el arancel fijo, con lo cual se asegura
la permanencia del mecanismo de estabilizaci�n durante
y despu�s del per�odo de transici�n
del Acuerdo. Vale mencionar que los productos de la cadena
de semillas oleaginosas, aceites y grasas que hacen parte
del SAFP son considerados productos sensibles y, como tales,
tendr�n un per�odo de desgravaci�n
lineal de 15 a�os sobre el arancel fijo.
Para salvaguardar la estructura productiva
de los pa�ses del Mercosur y la CAN ante aumentos
significativos en los vol�menes de las importaciones
o ca�das importantes en los precios de las mismas,
debido a la eliminaci�n de los aranceles, el Acuerdo
estableci� dos mecanismos: una Salvaguardia General
y unas Medidas Especiales.
Vale la pena mencionar que el �mbito
de productos sujetos a Medidas Especiales es reducido, s�lo
57 de 154 productos que hacen parte del SAFP podr�n
aplicar esta medida y, en cuanto a su cobertura, �nicamente
podr� invocarse para el comercio rec�proco
entre los pa�ses andinos con Argentina y Brasil.
Los productos de la cadena de semillas oleaginosas, aceites
y grasas que conforman ese limitado �mbito son: fr�jol
y harina de soya, semilla de girasol, semilla de ajonjol�,
aceites crudos y refinados de soya, girasol, palma, ma�z,
ajonjol�, aceites hidrogenados vegetales, margarinas,
mezclas de aceites, y tortas de soya y girasol. Estos productos
conforman la canasta principal de la oferta de aceites y
grasas del Mercosur.
En materia de Normas de Origen, se acord�
que para que un producto que utilice materias primas importadas
de terceros pa�ses se considere originario y beneficiario
de las condiciones del programa de desgravaci�n,
debe ser obtenido a partir de la transformaci�n de
sus materias primas. En la cadena de semillas oleaginosas,
aceites y grasas, la mayor�a de los productos debe
cumplir la Norma de Origen General, con excepci�n
de los aceites, crudos y refinados, de soya, palma, palmiste
y coco, que deben cumplir con un Requisito Espec�fico
de Origen (REO). La exigencia de un REO para el comercio
de esos aceites vegetales beneficia a Colombia, principal
productor de aceite de palma en Am�rica, en la medida
en que el REO exige que estos productos sean producidos
totalmente en la regi�n.
Las grandes escalas de producci�n han
permitido que los pa�ses de Mercosur est�n
ganando cada vez m�s competitividad en la producci�n
de las principales semillas oleaginosas y de los aceites
vegetales, especialmente en lo que tiene que ver con el
fr�jol y el aceite de soya. Estudios recientes demuestran
que en los �ltimos a�os los costos de producci�n
de Argentina y Brasil han disminuido de manera considerable
y este hecho, junto con la fuerte demanda y los altos precios
de estos productos en el mercado internacional, ha generado
un fuerte incremento de sus siembras de fr�jol soya
y de su capacidad de molienda.
Los bajos costos de producci�n del
aceite de soya est�n asociados a varios factores:
el uso de tecnolog�as como el Roundup Ready en Brasil
y de semillas gen�ticamente modificadas en Argentina,
que generan bajos costos de cultivo; menor uso de fertilizantes;
facilidades para el control de malezas y bajos requerimientos
de humedad. Tambi�n han incidido las fuertes devaluaciones
del peso argentino (60%) y del real brasile�o (20%)
frente al d�lar, entre 2001 y 2002, lo mismo que
el creciente compromiso de los sectores p�blico y
privado, por realizar grandes inversiones de capital dirigidas
a mejorar las condiciones de log�stica y de transporte
de las cosechas hacia las fabricas de molienda y los puertos.
En el caso de Brasil, Embrapa ha jugado un
papel crucial en el incremento de la competitividad del
sector de la soya. Fundada en 1973 como una entidad vinculada
al Ministerio de Agricultura, ha tenido como misi�n
promover la viabilidad y sostenibilidad y proveer soluciones
para la agricultura brasile�a a trav�s de
la investigaci�n y la generaci�n, adopci�n
y transferencia de conocimiento y tecnolog�a.
As� mismo, los grandes tama�os
de operaci�n, que cada vez m�s caracterizan
la agricultura brasile�a, han permitido que los productores
de soya logren las econom�as de escala que les permitan
invertir en infraestructura f�sica (puertos y v�as,
y en algunos casos supliendo el papel del Estado), en mecanizaci�n
y en investigaci�n y tecnolog�a, todo lo cual
resulta en mayores eficiencias y en menores costos.
Estos factores han impulsado el crecimiento
din�mico del �rea, rendimientos y producci�n
de fr�jol soya en Brasil. Mientras en 1990 el �rea
sembrada era inferior a 12 millones de hect�reas,
en 2003 lleg� a 18 millones de hect�reas,
representando un crecimiento anual de 3,5%. Esto, junto
con la importante investigaci�n de Embrapa, que ha
generado variedades de fr�jol soya con altos rendimientos,
ha conducido a un significativo incremento en la producci�n
de fr�jol soya durante los �ltimos 14 a�os.
En 1990, la producci�n de fr�jol soya era
de 20,5 millones de toneladas, representando el 19% de la
producci�n mundial; en 2003, la producci�n
alcanz� m�s de 50 millones de toneladas, participando
con el 26%, m�s de la cuarta parte del total.
Este fen�meno no s�lo ha ocurrido
en soya, sino tambi�n en otros sectores agr�colas
y pecuarios como caf�, ca�a az�car
y ganado bovino, tanto que expertos en ciencias agr�colas
expresan que si bien la revoluci�n agr�cola
fue dominada por Estados Unidos en el siglo pasado, Brasil
liderar� la revoluci�n agr�cola del
siglo XXI.
Por lo anterior, y aunque tradicionalmente
el aceite de palma se ha considerado el de mayor competitividad
en el �mbito mundial, en la actualidad se observa
que el aceite de soya argentino y brasile�o registra
costos de producci�n inferiores a los obtenidos por
el l�der mundial en la producci�n de aceite
de palma, como lo es Malasia, y bastante m�s bajos
que Colombia. La competencia a la que se expondr�
la agroindustri
a de la palma de aceite nacional ante el libre
ingreso de semillas oleaginosas, aceites y grasas de los
pa�ses del Mercosur, es quiz�s uno de los
retos m�s importantes que haya enfrentado este sector
desde sus inicios como actividad productiva, a comienzos
de los a�os 60. Por ende, el compromiso de todos
los palmicultores con la mayor eficiencia, la adopci�n
de las mejores pr�cticas de manejo del cultivo y
de extracci�n de aceite, una mayor inversi�n
en investigaci�n y desarrollo de tecnolog�a
de punta y un manejo cada vez m�s empresarial del
proceso productivo, debe ser total.
Por su parte, el Gobierno Nacional tambi�n
debe comprometerse a liderar una pol�tica de competitividad
integral, que disminuya el alto "costo pa�s"
que caracteriza el entorno de la actividad productiva en
Colombia. Debe continuar mejorando la seguridad en las �reas
rurales para que los productores y empresarios vuelvan a
vivir en el campo, incrementar la inversi�n en infraestructura
y log�stica, aumentar la cobertura en educaci�n
y salud, establecer condiciones de financiaci�n acordes
con los est�ndares internacionales y determinar reglas
de juego claras y estables en materia tributaria. El cumplimiento
de tales compromisos por el Estado y por los palmicultores
y su agremiaci�n, ser� la �nica garant�a
de que Colombia pueda enfrentar con alguna probabilidad
de �xito los grandes desaf�os que, en materia
de comercio internacional, conllevan las negociaciones de
integraci�n que se vienen llevando a cabo.