Vienen tiempos distintos y nuevas realidades
en
el sector palmero colombiano
El mercado mundial de oleaginosas atraviesa por una �poca
de grandes cambios en muchos frentes, en las definiciones
estrat�gicas del mercado global, en su estructura
competitiva y en la distribuci�n geogr�fica
de la producci�n y del consumo. Colombia ya empez�
a definir su posici�n con respecto a esos cambios,
reflejada en los acuerdos de libre comercio que est�
emprendiendo y que le significan a la palmicultura nacional
grandes amenazas de competitividad. Especialmente peligroso
resulta la competencia impuesta por el aceite de soya, el
principal sustituto del aceite de palma, producido por los
indiscutibles l�deres mundiales: Estados Unidos en
el norte, y Brasil, Argentina y Paraguay en el sur del continente
americano.
El Acuerdo CAN-Mercosur, que entrar� en vigor el
1 de julio de 2004, y las negociaciones para el tratado
de libre comercio con Estados Unidos, que se iniciaron recientemente,
se constituyen en los primeros pasos para darles la llave
de entrada a Colombia a los productos extranjeros sustitutos
de la muy vulnerable cadena de oleaginosas, aceites y grasas
local.
Tales procesos conducir�n inexorablemente al marchitamiento
de los aranceles y a la desaparici�n de cualquier
tipo de protecci�n en el mercado nacional para los
productores, porque le restar�n capacidad al Gobierno
Nacional para establecer instrumentos y delinear pol�ticas
p�blicas a su favor. En consecuencia, se reducir�n
los niveles de los precios en el mercado local, debido a
que ellos se formar�n m�s por los precios
internacionales.
En estas condiciones, en muy poco tiempo ser� el
mercado internacional el que establezca o defina las condiciones
de la actividad productiva de la palma de aceite en Colombia.
Aquellos factores que apoyan el mercado interno del aceite
de palma ir�n quedando en desuso. Y en ausencia del
Fondo de Estabilizaci�n de Precios y de las franjas
de precios -que tambi�n tienden a desaparecer- es
necesario acelerar el desarrollo de las capacidades empresariales
para conseguir el nivel de competitividad que se requiere
frente a las realidades que se avecinan.
No cabe duda de que vienen tiempos distintos, y con ellos
tambi�n deber� venir una actitud distinta
de los empresarios y de los productores del sector palmero.
Esta actitud tiene que involucrar la filosof�a de
producir a muy bajo costo, con una mayor eficiencia, productividad
y aprovechando todas las econom�as de escala.
Solamente mejorando la competitividad el sector palmero
colombiano podr� encarar con �xito la desgravaci�n
arancelaria, la tendencia a la baja de largo plazo de los
precios de los aceites vegetales y su marcada volatilidad
en el mercado internacional. De hecho, los precios del aceite
de palma crudo en el mercado mundial vienen cayendo entre
2 y 2,5% anual en t�rminos reales y esta situaci�n
se ve a�n m�s agravada por la alta volatilidad
de los precios del aceite de palma que oscilan en un rango
entre US$200 y US$700 por tonelada, lo que tambi�n
le significa a los productores de fruta una marcada fluctuaci�n
en sus precios, aproximadamente entre US$30 y US$110 por
tonelada. de racimos de fruta fresca.
Los tiempos en realidad han cambiado para la Agroindustria
de la Palma de Aceite colombiana. El escenario que se erigi�
junto con la actividad palmera y estuvo vigente hasta finales
de los ochenta es muy diferente al que se comenz�
a plantear en la d�cada del noventa, cuando se dieron
los primeros pasos en el pa�s hacia la apertura comercial.
En los ochenta el escenario estaba basado en una estructura
paternalista, de defensa a ultranza de la producci�n
nacional, de prohibici�n de importaciones, de acuerdos
de absorci�n con la industria y de incentivos gubernamentales.
Incluso, la actitud de muchos productores era m�s
proclive a esperar que sus clientes les compraran su producto
por obligaci�n o por necesidad, que a hacer un trabajo
de mercadeo focalizado.
Por el contrario, el escenario de los noventa est�
basado en los principios de libre comercio, permitiendo
que los agentes comerciales disfruten de libertad de mercado,
a pesar de la enorme asimetr�a existente entre ellos,
como se ha demostrado en editoriales anteriores.
Ahora bien, no son s�lo los acuerdos bilaterales
o multilaterales los que est�n internacionalizando
la actividad palmera colombiana, tambi�n lo viene
haciendo la din�mica misma de su crecimiento. Para
ilustrar esta aseveraci�n, basta con mirar las cifras
de siembra y de producci�n del sector.
Al finalizar 2003 hab�a un poco m�s de 200.000
hect�reas sembradas en palma de aceite. Este a�o
ya se han establecido viveros para unas 20.000 hect�reas
adicionales; es m�s, hay empresarios que han comprado
otra cantidad de semillas para sembrar viveros en 2005.
As� que f�cilmente se podr�an contar
cerca de 250.000 hect�reas sembradas al finalizar
el pr�ximo a�o, con productividad media superior
a cuatro toneladas de aceite por hect�rea.
Lo anterior significa que en breve se producir�an
m�s de un mill�n de toneladas de aceite de
palma, cifra que representa casi el doble de la producci�n
anual de los dos �ltimos a�os. Debido a que
el mercado interno ha mostrado una capacidad de absorci�n
del producto limitada que es ligeramente superior a las
400.000 toneladas, es de esperarse que las exportaciones
pronto superen el consumo dom�stico de aceite de
palma. Con ese ritmo, las ventas en el exterior de la Agroindustria
de la Palma de Aceite en los pr�ximos cuatro o cinco
a�os tendr�an igual o mayor importancia que
las locales.
Este escenario traer� repercusiones negativas en
el ingreso del sector palmero. Exportar significa costos
m�s altos para las empresas de palma de aceite, dado
que Colombia es un tomador de precios en el mercado mundial
de semillas oleaginosas, aceites y grasas. Costos, como
los de transporte, que sirven de protecci�n natural
para los sustitutos importados cuando se venden en el mercado
dom�stico, se convierten en un costo adicional cuando
el mismo producto se vende en el mercado externo. Este mayor
costo que es asumido por las empresas palmeras con el fin
de competir en el mercado internacional, representar�a
un ingreso neto m�s bajo.
As� las cosas, para tener �xito en el futuro
pr�ximo el tema diario de an�lisis en la agroindustria
se llama "costos". El empresario y el sector deben
reducirlos a como d� lugar, teniendo en la mente
el logro de muy buenas condiciones empresariales, en un
entorno social y econ�mico sano. S�lo as�
podr�a asegurarse que dentro de poco tiempo los productos
colombianos de la palma de aceite podr�n competir
en el mercado, como hoy en d�a pueden hacerlo los
de otros pa�ses, cuyos productores s� cuentan
con la garant�a de un entorno suficientemente competitivo.
Por supuesto que lo planteado hasta ahora, en el sentido
de que comercializar la producci�n ha sido relativamente
f�cil, no significa que deba desconocerse al mercado
interno como el mercado natural por excelencia. �ste
debe abastecerse en forma decidida con estrategias masivas
de penetraci�n, que incluyan un adecuado mercadeo
y unas estrategias de ventas audaces, el fortalecimiento
de la organizaci�n de los productores y el mejoramiento
de la log�stica.
En la perspectiva de una mayor oferta de aceites de palma
y de palmiste en Colombia, es imperativo que las empresas
palmeras encuentren o desarrollen nuevos mercados que no
se limiten a los tradicionales usos comestibles. Vale mencionar
la industria oleoqu�mica que, aunque incipiente en
Colombia, ya muestra grandes potencialidades en otros pa�ses
del mundo para el mercado del aceite de palma y sus subproductos.
El biodiesel es otro de los temas que ha suscitado el inter�s
del sector palmero, especialmente por el significativo tama�o
potencial de su mercado. En este tema es necesario tener
claridad. Si bien es cierto que el suministro de materia
prima para producir este combustible representar�a
para los palmicultores un nicho inexplorado, tambi�n
lo es que el proyecto a�n no es viable econ�micamente
debido al alto y no competitivo costo de los aceites vegetales
como materia prima. De hecho, ha tenido que ser subsidiado
por los gobiernos de todos los pa�ses en los que
se han emprendido acciones para producirlo.
As� que en Colombia habr� que definir muy
bien las verdaderas posibilidades de su implantaci�n
como alternativa a los combustibles que no son amigables
con el medio ambiente. Debe sustentarse econ�micamente,
tanto para los productores como para los consumidores, de
manera que su ejecuci�n est� basada en realidades
y no en meras especulaciones.
El proyecto biodiesel involucra esfuerzos gigantescos de
los palmicultores, la academia y el gobierno, que deber�n
acompa�arse de investigaci�n y b�squeda
de tecnolog�as existentes que puedan adaptarse a
las necesidades de Colombia.
Vienen tiempos distintos y se avecinan con rapidez. Las
estrategias utilizadas efectivamente para proteger el mercado
interno en el pasado ya no tienen la misma validez en la
actualidad ni en el futuro cercano. Estos son los retos
de la globalizaci�n y de un modelo de Estado m�s
regulador que protector. Muchas decisiones est�n
en manos de los productores y �stos deber�n
tomarlas a tiempo y con creatividad, para garantizarle un
futuro exitoso a la agroindustria colombiana de la palma
de aceite.