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Quizás la conclusión más gruesa que sacaron
César de Hart Vengoechea y Carlos Corredor Mejía
de su participación en el POC fue que, a diferencia
de la mayoría de los productos agrícolas, el
aceite de palma tiene resuelto el problema de mercado: éste
es, en términos prácticos, infinito en cantidad
y en el tiempo. Basan su afirmación en la creciente
demanda mundial de cinco millones de toneladas adicionales
por año. Además, en que los cálculos
indican que hacia 2010 la demanda de aceites vegetales para
fines energéticos será de 15 millones de toneladas.
De hecho, en la actualidad la demanda de aceites vegetales
para biodiésel está impactando favorablemente
las cotizaciones internacionales. En este sentido, afirmaron
que "el aceite de palma es un producto que inspira confianza".
Según Mistry, uno de los conferencistas
del POC, los productos básicos están entrando
a una nueva época de prosperidad. Él dice que
quien tiene el acceso a la materia prima domina el mercado.
Sin embargo, para los contertulios, las perspectivas
internacionales de precios, que son atractivas para el mundo,
no lo son para Colombia. Porque aunque en el país no
hay problemas de mercado, los hay –y muy serios- de
costos.
Por ello se preguntaron ¿dónde
debe estar el énfasis de nuestra orientación:
en los costos o en los mercados?
Los conferencistas del POC, que están
obligados a hacer sus pronósticos de precios, quizá
por primera vez en la historia del evento no tuvieron grandes
diferencias: coincidieron en que este año ellos se
mantendrán entre 400 y 450 dólares la tonelada
CIF Rótterdam, por el equilibrio entre la oferta y
la demanda.
Por el lado de los costos, si se tiene en
cuenta que en Malasia las plantaciones más competitivas
están entre 140 y 150 dólares por tonelada de
aceite y el promedio está entre 207 y 249 dólares
dependiendo de la metodología utilizada por cada estudio,
"el reto es cada vez más claro: reducción
de costos", afirmaron los dos miembros de la junta directiva
de Fedepalma.
Para César de Hart y Carlos Corredor,
nuestro país está sufriendo las consecuencias
de transitar de la condición de deficitario en un esquema
de sustitución de importaciones y altas protecciones
efectivas, a la condición de excedentario, careciendo
de competitividad internacional. La palma en Malasia, lo mismo
que el café en Colombia, desde el principio se proyectó
hacia los mercados internacionales. "Esto no fue así
con la palma en Colombia. De manera que hay que comenzar a
dirigir esfuerzos de competitividad en el cultivo y maximizar
la relación área cultivo/planta extractora".
Para los contertulios, lo más conveniente
en la actual coyuntura es que el sector palmero nacional priorice
las estrategias tendientes a mejorar la competitividad. Porque
–aseguraron-, el mercado nacional, inclusive con biodiésel,
no tiene el tamaño para absorber la producción
local ya sembrada. De manera que el desbalance entre oferta
interna y demanda interna difícilmente podrá
ser superado.
El reto es grande, pues el proceso de incrementar
la competitividad a través de mejoras en productividad
sectorial es sumamente lento, como lo demuestra la experiencia
de Malasia.
Advirtieron que si se quiere hacer un desarrollo
sectorial ambicioso es ineludible proyectarse hacia el mercado
internacional. "Hay que ser competitivo para el mercado
al que uno se dirige".
Agregaron que "si queremos ser consecuentes
con metas importantes de crecimiento, es importante tener
claridad en que la solución y el futuro de la palma
de aceite están en los mercados internacionales".
De Hart y Corredor ubicaron los frentes de
competitividad en infraestructura, salud, educación,
etc.; gestión administrativa, costos y mejoras operativas
y tecnológicas, a la vez que se preguntaron: ¿qué
va primero: infraestructura o crecimiento? Para responder
que en Malasia la competitividad antecedió al crecimiento
(y lo impulsó).
Teniendo en cuenta estas consideraciones
dijeron que habría que hacer los ajustes necesarios,
pues "una vez que las cosas se hacen y no se cumplen
las expectativas, se pierde la confianza".
Fueron enfáticos al sentenciar que
"está perdiendo vigencia la época en que
se podía producir lo que tuviera mercado (sin hacer
cuentas) porque el gobierno estaba obligado a ver qué
hacía con uno".
Finalmente, César de Hart y Carlos
Corredor avizoraron un gran futuro para la palma de aceite
en Colombia, pero lo supeditaron al logro de la competitividad.
"Esto representa una enorme responsabilidad para con
el sector", puntualizaron.
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